¿Dónde ponemos el límite entre matrimonio forzado y concertado?

Por Pamela Bellagamba

La frontera entre matrimonio forzado y concertado abre un debate e ilumina zonas grises de difícil definición.

No quiero cuestionar la legitimidad de los matrimonios concertados entre dos personas que llegan a contraer ese contrato con voluntad clara y manifiesta, sino considerar aquellas situaciones donde se llega a la aceptación de una imposición por motivos ajenos a la voluntad pero tampoco hay evidente coacción como para determinar la existencia de un delito.

En la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” del 1948, el matrimonio es legítimo sólo cuando hay “libre y pleno consentimiento de los futuros esposos”. Se puede entonces fácilmente situar dicho límite en la voluntad de consentimiento. Es igualmente evidente que cuando se dan casos de matrimonios de menores, legalmente no puede haber consentimiento.

Si de un punto de vista puramente jurídico el tema quedaría solucionado, no lo es de un punto de vista de análisis de la realidad social y de políticas de intervención. Aquí la frontera se hace más sutil y difuminada.

Es muy probable, por ejemplo, que la aceptación  de un matrimonio concertado  por parte de la víctima disminuya el riesgo de padecer violencia represiva.  La pregunta entonces es: ¿En qué medida es posible rechazar un matrimonio concertado? ¿Cuál es el precio del rechazo?

A menudo la imposición no se traduce en evidente violencia física si no lo que finalmente puede es el chantaje emocional, más sutil pero no menos eficaz. Se trata de violencia psicológica mucho más difícil de detectar, reconocer y rechazar.

Cabe preguntarse si la imposición del matrimonio es un hecho aislado o es parte de un conjunto de situaciones donde la libertad de la mujer se ve ampliamente limitada y la violencia es estructural. Si así fuera, creo que la imposición del matrimonio se pueda considerar como un indicador más del limitado espacio de libertad de la mujer.

No es tan evidente la libertad de la libre elección, cuando no está claro si las protagonistas conocen sus posibilidades y sus consecuencias.

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